Limbo

         El silencio es como niebla en este lugar, todo se mueve a un ritmo surrealista. Desde aquí puedo ver las raíces del mundo. En las noches, escucho sus sollozos y siento el pesar de sus almas. Nadie es feliz allá arriba, o allá abajo, ¡ni yo sé dónde estoy! El norte se funde con el sur en este lugar. En ocasiones observo caminantes sin rumbo, muertos en penas y llantos ahogados en almas mudas. Su propósito es más ilógico que la vida misma, ¿de qué vale caminar en un lugar como éste? He pasado tanto tiempo aquí que ya casi olvido lo que he vivido o lo que soy. Estoy cumpliendo con mi propósito, que es desprenderme de todo. Creí que con mi muerte se terminaría el camino, pero todo sucedió como me lo temía, la cosa no termina con la muerte física.

           Mi decisión fue fundamentada. Sentía que era mucho más fácil encontrar un camino hacia mi propósito estando muerto que vivo. Para los que se preguntan de mi propósito, es acabar con mi existencia; pero, al morir me di cuenta que no va a ser nada fácil cumplirlo.

         Hablé con muchas personalidades, merodeé por muchos lugares, hasta conseguir este sitio. El hastío es tan grande en este lugar, que cualquier persona se puede perder dentro de sí misma. Olvidando todo lo que fue, todo lo que es y todo lo que podría algún día llegar a ser. En este mundo nuevo que he conseguido no existen los colores, no se siente dolor, tristeza, alegría, no existen las lágrimas ni las sonrisas, no tienes cuerpo, no te brillan los ojos, no sientes lástima ni compasión por nadie, no sientes hambre, no sientes necesidades, no sientes nada.

            Es el mundo del no-mundo, es mi mundo, es perfecto para cumplir con mi propósito, si no puedo acabar con mi existencia, en este lugar me perderé dentro del sentido de mí no-ser.

            El tiempo aquí es efímero. Nunca he logrado entender muy bien su concepto, ¿realmente es tan necesario organizar una vida a través del tiempo? Por más que pienso no le consigo mucha lógica al asunto, “tiene una reunión para mañana a las tres de la tarde señor López”, solía decirme mi secretaria. Y yo con gusto, anotaba el evento en mi agenda, me gustaba cuadrar mis reuniones de manera que pudiera regresar temprano a mi casa para cenar con mi esposa y jugar un poco con mis hijas. Así funcionó mi vida durante unos cuantos años, siguiendo un determinado orden. Cada vez que me veía en el espejo… sonreía.

            Aquí no hay espejos para sonreír, pero si hubiese algún espejo, estaría vacío, no creo que me viera reflejado en él. No tengo alma, ya que murió con ellas. Al no tener alma, el cuerpo queda sin vida, no hay brillo, no hay sonrisa, no hay reflejo, te vuelves una masa inerte, flotante, en un mundo de cristales estallados tratando de buscarse los unos con los otros para volver a formar la unidad que una vez fueron. Pero lo que ellos no saben es que una vez un cristal se ha roto, no hay pegamento en el mundo, que lo haga regresar a su forma original.

          – Pero, si puede tomar una nueva forma – contestó una voz que no parecía ser ni femenina ni masculina que generaba cierta extrañeza – y quizás esta nueva forma sea más hermosa y más espléndida que la anterior.

         – Claro que se distinguiría de las demás, porque estaría rota.

         – Hay muchos cristales enteros en el mundo que a primera vista parecen hermosos pero cuando realmente los conoces son oscuros por dentro y también hay muchos cristales que fueron rotos y ahora forman parte de algo mucho más maravilloso, porque ahora tienen una historia, ha pasado por diversos estados, y han experimentado la trasformación de su alma. – le respondió la voz, lo cual hizo a Izael pensar:

          La verdad, no tengo quejas, he decidido dejar de vivir esa estúpida realidad a lo que ustedes llaman vida en ese repugnante mundo. A veces me pregunto, ¿Qué mente tan retorcida crearía un mundo semejante? Lastimosamente he estudiado y logré comprender muchos misterios en mi vida. Todos ignoramos algo, todos sufrimos de esa enfermedad, lo que nos diferencia es el grado. Lo que quiero decir con esto es que no puedo ignorar el hecho de que todo en ese mundo funciona en equilibrio, todo gira en torno a un ecosistema perfecto, en un círculo simbiótico que evoluciona y se adapta a todos los eventos. Semejante perfección no pudo haber sido creada por el simple azar. Darwin tuvo razón cuando habló de la “selección natural”; pero alguien muy inteligente tuvo que haber creado dicho proceso. Si algo he aprendido en este podrido mundo es que nada nace de la nada.

          Ese creador vendría siendo un retorcido ser al que ellos llaman Dios. Me encantaría ser una persona atea, de verdad, pero lastimosamente mi conocimiento no permite semejante concepto, aunque el ser ateo resolvería muchos asuntos. No me preocuparía y no tendría sentimientos hacia ese niño llamado Dios, con su caja de barajitas coleccionables a lo que ustedes llaman mundo. ¿Cómo puede una mente tan brillante ser tan perversa y maquiavélica a la vez? Todos los días me lo pregunto eso.

            – ¿Crees que él tiene la culpa de sus muertes? – preguntó la voz.

            – ¿Cómo sabes eso?

            – Lo sé

           – ¿Y quién carajo eres tú? ¿Y en qué momento me has escuchado pedir hablar contigo? ¿No has escuchado todo lo que acabo de decir? Tú estás mucho más loco que yo. No creo ni que existas, y si existes, seguro tu propósito es atormentarme. Otro medio para que el otro se siga divirtiendo.

            – Tú no estás loco. – se limitó a decir la voz para retomar su silencio.

            <<La locura es una dicha, un dulce bocado para las mentes atormentadas de ese afamado circo. Aunque no mejor que la amnesia, pero es un regalo que no han recibido todos allá abajo, o allá arriba; vuelvo y repito, ya perdí la noción del tiempo y del espacio.

             Una vez un cura me dijo que si yo hacía lo que tenía planeado hacer, me iría al infierno. Si este es el infierno – giró su cabeza observando todo su alrededor – me gusta. Es hermoso, aquí no hay nada sino el gran vacío de mi alma. No, no, no, a veces hasta se me olvida que mi alma murió hace mucho tiempo. ¿Cuánto exactamente? No sabría decirlo.

            La gente del mundo le reza a él, constantemente, le piden un milagro. Yo veo semejante proceso de esta manera: imaginen un gran laboratorio que es controlado por un científico loco, sumamente brillante, quien vendría siendo Dios; entonces, ese científico construye un laberinto gigante, con una cantidad de trabas, obstáculos y juegos para sus ratas de laboratorio, para sus conejillos de indias, que en este caso representan a los humanos. Y ese científico ha logrado que sus ratas se comuniquen de alguna manera con él. Es aquí donde entra la parte más enferma de este juego. Cada rata va a expresar sus deseos al científico: “que le abra cierta puerta del laberinto”, “que le muevan algún obstáculo para avanzar”, “que le pongan más juegos” o, simplemente “que la alimenten”.

            Es entonces cuando él se sienta a observar su gran creación y decidir a cual rata escuchar y a cual no, y así apretando un botón decide resolverle cierta necesidad a determinada rata. Eso es a lo que los humanos llaman milagros, generando mayores alabanzas al enfermo del botón, inaudito, inexplicable, pero cierto. Todo ese asunto, me imagino que le genera una gran satisfacción, representando así su mayor distracción. Si algo se ha dicho de las mentes brillantes es que se aburren con facilidad, y están en constante búsqueda, creando cosas que los satisfagan. Este gran científico lleva años jugando con su laboratorio de ratas humanas y cada día tiene más, pero ya esta rata se salió del laberinto y está disfrutando su tiempo en el infierno>>.

         – No estás en el infierno Izael.

         – ¿Entonces en donde carajo estoy? No me respondas, no me importa lo que este lugar sea, podemos llamarlo limbo, es genial. Yo sé que a alguien como yo no lo quieren en el cielo – sonrió – a ningún científico le gusta que descifren la intención de su experimento y que su estafa quede al descubierto.

        – Estás en el cielo – respondió la misteriosa voz – en el cielo que tú mismo te ha creado a tu gusto.

          Lo que ocurrió con Izael fue una lección a través de la pérdida, él había conseguido cierto nivel de consciencia en su rueda de encarnaciones y en su última vida conoció a un espíritu sumamente afín con la que experimentó un amor y una conexión poco común en la tierra. Izael y Marie vivieron durante mucho tiempo juntos, y tuvieron dos hermosas hijas. Al estar juntos estos espíritus afines generan una energía tan poderosa que son capaces de realizar milagros, y en su caso fue su éxito. Se convirtieron en unas personas sumamente exitosas, millonarias y al final unos maleantes tomaron la vida de Marie y de sus hijas buscando su fortuna.

         El alma de Izael junto con la de Marie su espíritu afín habían decido crear esta situación para que Izael para concientizar una lección acerca de los apegos en el amor, lo cual él no pudo asimilar y terminó esa encarnación sumido en el alcohol, perdiendo todo, para finalmente quitarse la vida. Pero lo maravilloso de la evolución es que nada en el universo se pierde, siempre hay una nueva oportunidad. Mi nombre es Hanaiel y soy el ángel guardián de Izael.

        – Has pasado mucho tiempo aquí, Izael – le dijo el Ángel – tu alma es única pero nadie puede trasgredir tu libre albedrío. Debes querer salir de aquí para poder irnos. Este camino que has elegido te ha hecho evolucionar como si hubieras encarnado veinte veces más. En este momento estás listo para ver más cosas y experimentar nuevos estados de tu ser. Todo este tiempo has estado sumido en una profunda reflexión y comunicación con tu alma. Alma a la que dices “muerta” pero que en este momento está más viva que nunca. Tiene ganas de volver al mundo y experimentar ese nuevo contacto. Tiene ganas de vivir a través de un amor tan sublime como la brisa de primavera que rosa tu rostro al levantarte y contemplar a Marie durmiendo a tu lado.

         -¡Como te atreves a hablar de ella! – gritó con fuerza Izael.

        -Para ser alguien sin alma sientes efusivamente ¿no crees?

        -No creo que mi corazón sea capaz de latir nuevamente en ese lugar.

       -Latirá, latirá con fuerza, su reencuentro es inevitable y ya no será un vago recuerdo, un sueño que habita en tu corazón, será una realidad. Su amor ha de revivir y revivirá a pesar de todos tus esfuerzos para ahogarlo. Un amor que ni siquiera el Limbo pudo suprimir.

      – Marie – sollozó su nombre en un suspiro que pareció durar una eternidad.

       – Está esperando por ti. Hoy Marie decidió regresar a la tierra Izael. En un intento desesperado por sacarte de este lugar, su alma te llama y tienes el permiso del guardián del tiempo de bajar, encarnar y reencontrarte nuevamente con ella, a ver si esta vez si superas la prueba.

        – ¿Con eso me estás tratando de decir que la volveré a perder?

        – No necesariamente tienes que pasar por la misma experiencia no, puedes aprender la lección de muchas maneras, y además es imposible que la pierdas. La vida allá es realmente corta

        – ¿Cómo es eso posible? Después de todo lo que ha pasado y he hecho. Debería estar en el infierno.

       – No existe algo como el infierno. Y si aceptas este nuevo camino, descubrirás que ese científico loco, no es tan loco como crees – sonrió el ángel – descubrirás que te ama más de lo que puedes llegar a imaginar.

      – No te puedo acompañar en ese pensamiento.

      – No te pido que lo hagas. Te  pido que tomes mi mano, me dejes envolverte en mis alas y llevarte a Bardó, nuevamente, para que puedas regresar a la tierra y cumplir con tu verdadero propósito. El científico puede esperar a que hagas las paces con él cuando quieras. Él nunca dejará de amarte. Y si te sirve de consuelo, a él no le contenta ver lo que están haciendo ni como están viviendo allá abajo en este momento. Pero él los ama tanto que les dio libre albedrío para que cada alma se forje un camino diferente, de regreso a la fuente. Si no todo sería muy monótono, muy aburrido, ¿no lo crees así?

       – En estos momento no se ya en que creer.

       – No temas, libera tus cadenas, toma mi mano y déjame acompañarte a una nueva vida, para que puedas sentir el calor del sol una vez más en tu rostro y puedas sentir todas las bendiciones que esperan para derramarse sobre ti.

       – ¿Quién eres tú? ¿Por qué te has tomado tantas molestias conmigo?

       – Soy Hanaiel, he estado contigo desde el inicio de tu peregrinación en este mundo y continuaré a tu lado en tu camino de regreso a la fuente… soy tu más leal compañero, soy parte de ti y tu eres mi razón de ser.

            Las palabras del ángel enternecieron su corazón y le hicieron recordar sensaciones y emociones que ya había olvidado o que había logrado enterrar en los recodos más inhóspitos de su alma. Había dejado atrás dichas emociones y recuerdos para sumergirse en un tiempo equivalente a veinte vidas humanas en el limbo de su propia existencia. Pero lo que él no sabía, es que contactó con su alma como nunca lo había hecho antes. Evolucionó de una forma sumamente extraña y diferente al resto de los que ya habían alcanzado dicho nivel de consciencia, lo que lo hacía especial. Fue mucho tiempo de comunión consigo mismo lo que aceleró su proceso evolutivo distinguiéndolo del resto de los humanos.

        – Has derribado, en un instante, las paredes que me tomó décadas construir – sollozó izael.

        -Tú las derribaste sólo amigo mío, yo sólo te di el pequeño empujón final. Tu salida de este lugar se había tornado inevitable también, así como tu reencuentro con ella. Así que toma mi mano y déjate llevar – le dijo su ángel guardián extendiéndole su mano al alma perdida de Izael.

        – Si… Bardó nos espera. La existencia es sumamente sarcástica – dijo mientras se levantaba y tomaba la mano de su ángel – busqué este lugar esperando conseguir algo y terminé encontrando, justamente, lo opuesto.

        – Un hermoso juego el de tu alma.

Nelson Ramos
@proyectodespierta

Nota del autor: Escribí esta historia en noviembre de 2011, hoy 11 de febrero de 2018 la rescaté, la remasterice y la volví a publicar.

 

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